Una noche inolvidable El 27 de noviembre de 2014, el equipo de Marcelo Gallardo superó a Boca Juniors en el Estadio Monumental y se clasificó a la final de la Copa Sudamericana.

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Luego de dejar en el camino a Godoy Cruz, Libertad de Paraguay y Estudiantes de La Plata, el Millonario llegaba a la semifinal de la mejor manera: invicto, con 13 goles a favor y apenas cuatro en contra. Sin embargo, lo esperaba su clásico rival.

El primer encuentro se iba a dar el jueves 20 de noviembre en el Alberto J. Armando. El nerviosismo que predominaba en el ambiente influyó en que el desarrollo del juego fuera áspero e impreciso. Ninguno de los dos se sacó ventaja y todo terminó en un empate sin goles. La parte más emocionante quedaría para Núñez.

El Monumental explotaba. Bajo un clima totalmente eufórico arrancaría la gran definición. No habría de pasar el minuto de juego cuando Germán Delfino, tras una infracción de Ariel Rojas sobre Marcelo Meli dentro del área, cobró penal a favor del visitante. Los corazones “millonarios” se paralizaron por un tiempo, cada segundo que se demoraba Gigliotti en ejecutar el penal provocaban cada vez mayor ansiedad en el público. Tomaba carrera y la incertidumbre se apoderaba de cada rincón del estadio, hasta que Barovero, volcándose sobre su izquierda y a mano cambiada, desvió esa pelota de la red y provocó el estallido de los fanáticos riverplatenses.

Unos minutos más tarde, Vangioni enviaría un buscapié directo a la zurda magistral de Leonardo Pisculichi, quien colocaría la pelota pegada al palo derecho dejando sin respuesta alguna a Agustín Orion y desatando un grito monumental.