“En River soy feliz” El amor a la camiseta de una goleadora profesional: Carolina Birizamberri, uruguaya de nacimiento y riverplatense por adopción.

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Carolina Birizamberri prefiere hablar en la cancha. Será por eso que, en toda su carrera, su carta de presentación fue siempre la misma: el gol. Como cuando tenía 13 años, debutó en la primera de Cerro y unos minutos después ya había gritado su primer tanto oficial. O cuando, con apenas 15, marcó por primera vez con la Selección Mayor de su país. O en su bautismo en el clásico uruguayo, con un inolvidable hat-trick para Nacional frente a Peñarol. En Buenos Aires, la misma historia: primer partido en River y dos golazos de la recién llegada para ganarle a la UAI Urquiza y sumar tres puntos fundamentales en una campaña que terminaría con las Millonarias dando la vuelta olímpica.

Pero Carolina tenía el arco entre ceja y ceja desde mucho tiempo antes, más precisamente desde que, con cuatro años, empezó a jugar en el barrio La Teja de Montevideo: “Arranqué de muy chiquita y siempre lo que más me gustó fue buscar el gol, por eso creo que toda la vida fui delantera o volante con llegada”. El baby fútbol le permitió dar sus primeros pasos y en 2008 se abrieron las puertas del fútbol femenino de 11 con aquel debut perfecto en Cerro. Después llegarían los pasos por Bella Vista, River de Montevideo y (en otro sueño cumplido para alguien nacida en una casa “tricolor”) Nacional.

Máxima goleadora en distintos torneos y ganadora del Premio Charrúa a la mejor jugadora uruguaya, el fútbol empezó a cruzarla bien temprano con su otro gran amor: la Celeste. “Con la Selección Sub-17 logramos la clasificación para que Uruguay jugara por primera vez un Mundial femenino y también tuve la oportunidad de jugar torneos y hacer goles en la Sub-20”, subraya. Sin embargo, su mejor recuerdo de Selección es esa primera convocatoria a la mayor y su gol frente a Venezuela en el Sudamericano del 2010.

Pero un día, en 2016, Carolina encontró su nueva casa del otro lado del río: “Una siempre sueña con tener un futuro grande, jugar en otro país, por eso cuando surgió la posibilidad de venir a River no lo dudé un segundo –repasa-. Sabía que en algún momento iba a tener que madurar para ir a buscar mi sueño aunque eso significara estar lejos de mi familia”.

Ya en Núñez, la adaptación llegó rápido y se tradujo en goles y más goles. Es decir, una adaptación al estilo Birizamberri: “Tuve la suerte de debutar con un doblete en ese partido tan importante contra la UAI, después terminamos ganando ese campeonato y el día que se definía el título le hice tres a Huracán, fue otra tarde increíble y son recuerdos que van a quedar por siempre”.

Sus buenas actuaciones le daban cada vez más reconocimiento y pasó lo inevitable: después de una gran participación en la Libertadores 2017 (River fue tercero y Carolina la goleadora del torneo), la vinieron a buscar del fútbol español. “Me fui a jugar a Parquesol y, si bien ese año logramos el ascenso, fue todo un poco complicado para mí. Pude sumar experiencia y aprender, pero no me terminé de adaptar del todo y decidí volver”, recuerda, y agrega: “En ese momento sentí que no había otra opción en Argentina que no fuera River. Hablé con el DT, Dani Reyes, él me aceptó y pude regresar”.

Es que, ya desde su primera etapa, River había sido para Carolina algo mucho más grande que una camiseta que había que defender los fines de semana. “Me siento muy querida en el club y trato de devolver algo de ese cariño que me dieron desde el primer día. Yo estaba lejos de mi familia pero acá me hice amiga de mis compañeras, aprendí mucho de los entrenadores y tengo una excelente relación con los dirigentes, que siempre me dieron toda la contención. Además Lidia, la utilera, es como una mamá para mí. Por eso me encanta pasar tiempo en el club, cuando no tengo que entrenar igual voy para ver a la Reserva, ayudar en la utilería o lo que sea”, cuenta.

Es ese sentido de pertenencia el que le provoca una sensación especial cada vez que se pone la banda roja. “Me volví muy fanática del club y disfruto mucho cada partido, sobre todo los clásicos, por eso el gol que hice en la cancha de Boca es un gran recuerdo que tengo. Ese y el que le hice este año a la UAI con tres dedos son dos de los que más me gustaron”, repasa.

Admiradora de delanteros como Scocco y Borré (“uno de los jugadores que más apoyan al fútbol femenino”), la goleadora no se olvida de remarcar la calidad de sus compañeras: “Aprendí mucho de Bebo Pereyra y de Pochi López, de Daniela Mereles me encanta su garra, Lulú Lezcano me parece una delantera fenomenal. Creo que tenemos un gran equipo”.

Hoy, con 25 años -y, aunque parezca mentira, casi la mitad de ellos como futbolista de primera división-, sabe que a su carrera todavía le quedan muchos más desafíos y por eso no deja de soñar: “Algo que me encantaría es jugar un Mundial de mayores con Uruguay”. Sin embargo, a nivel clubes, el presente y el futuro de Birizamberri parecen estar pintados con los mismos colores: “A veces me preguntan si me gustaría volver a Europa, pero yo siempre digo que acá me siento como en mi casa y no tengo ganas de irme. Vivo del fútbol y el club me pone todo a disposición para que yo solamente me tenga que enfocar en estar bien y jugar. En River soy feliz”.